La historia de >FELO comienza en Alemania en 1878, cuando se funda en Steinbach-Hallenberg, Turingia, la Hammermühle, una fábrica dedicada a la producción de herramientas forjadas.
Martillos, pinzas, destornilladores y otras herramientas formaban parte de una producción que todavía estaba muy lejos de las modernas líneas industriales que conocemos hoy.
Pero desde aquellos primeros años ya estaban presentes algunas de las ideas que acompañarían a la compañía durante toda su historia: cuidado en la fabricación, búsqueda de nuevas soluciones, apertura hacia métodos de producción modernos y una mirada que iba mucho más allá del mercado alemán.
Una historia que comienza en 1878
Con el paso de las décadas, aquella fábrica fue creciendo y especializándose.
Ya en la década de 1920 la empresa utilizaba catálogos en varios idiomas. No se trataba solamente de traducir un catálogo: desde muy temprano, la compañía comenzó a adaptar sus productos y su comunicación a las necesidades de diferentes mercados.
En los años 30 llegaría otro indicio de lo que sería el futuro de la empresa: comenzaron a registrarse patentes internacionales.
La vocación internacional y la innovación, dos conceptos que hoy parecen naturales para una empresa industrial alemana, ya estaban presentes mucho antes de que existiera la >FELO que conocemos actualmente.
Pero entonces la historia de Alemania cambió por completo.
La Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias marcarían un antes y un después para la empresa.
Y obligarían a comenzar nuevamente.
Pero no desde cero.
1950: Neustadt y un nuevo comienzo
En 1950 comienza uno de los capítulos fundamentales de la historia de >FELO.
La empresa se establece en Neustadt, Hessen, y comienza allí una nueva etapa bajo el nombre Felo Werkzeugfabrik, como sucesora de aquella compañía nacida originalmente en Turingia.
Lo material que había podido conservarse era muy poco.
Una máquina de escribir, clientes y 70 años de experiencia
La propia historia de >FELO cuenta que, después de los años de guerra, pudieron rescatarse para aquel nuevo comienzo una máquina de escribir y el archivo con las direcciones de los clientes.
Parecía poco.
Pero había algo mucho más importante que ninguna guerra podía borrar: más de 70 años de conocimiento acumulado en la fabricación de herramientas.
Ese conocimiento se convirtió en el punto de partida de la nueva fábrica.
En Neustadt, la compañía se concentró inicialmente en la producción de destornilladores profesionales. Con el tiempo se sumarían los bits, que adquirirían una importancia cada vez mayor a medida que crecían las herramientas eléctricas y a batería y los sistemas automáticos de atornillado.
El usuario al que apuntaba la fábrica era claro: profesionales y trabajadores que esperaban de sus herramientas calidad, precisión y confiabilidad.
1956: dejar atrás el mango de madera
En aquellos años, el destornillador podía parecer una herramienta relativamente simple: una varilla de acero y un mango.
>FELO empezó a cuestionar esa simplicidad.
En 1956, la compañía comenzó a producir mangos de destornillador en acetato de celulosa, cuando los tradicionales mangos de madera todavía eran habituales.
El cambio de material no era solamente estético.
La utilización de materiales plásticos y del moldeo por inyección abría posibilidades completamente nuevas para diseñar la forma del mango y mejorar su superficie.
>FELO desarrolló además una superficie micro-rugosa destinada a mejorar el agarre y reducir el deslizamiento.
El mango dejaba de ser simplemente el lugar desde donde sostener la herramienta.
Empezaba a convertirse en una parte esencial de su rendimiento.
1966: el destornillador empieza a adaptarse a la mano
Diez años después llegó otro cambio importante.
Hasta entonces, los mangos de los destornilladores eran predominantemente cilíndricos.
En 1966, >FELO introdujo un mango con una forma ergonómica.
La idea era sencilla de explicar pero mucho más compleja de desarrollar: si una herramienta se utiliza con la mano, ¿por qué la forma de la herramienta no debería adaptarse a ella?
La herramienta debía trabajar con la mano
La geometría del mango comenzó a pensarse en función de la transmisión de fuerza y del contacto con la mano.
Más torque donde era necesario.
Mejor agarre para mantener la punta dentro del tornillo.
Y mayor comodidad para poder trabajar durante períodos prolongados.
Esa búsqueda marcaría profundamente el desarrollo de los destornilladores >FELO durante las décadas siguientes.
1992: dos materiales, un mismo mango
Después de décadas trabajando con materiales plásticos y estudiando la interacción entre la herramienta y la mano, en 1992 llegó otro desarrollo fundamental.
>FELO presentó un mango fabricado utilizando dos componentes diferentes: un material rígido combinado con zonas blandas.
El proceso de fabricación fue patentado.
Pero nuevamente, la innovación no consistía simplemente en utilizar dos materiales.
Lo importante era dónde debía encontrarse cada uno.
Las zonas del mango responsables de transmitir el torque necesitaban una superficie con elevada fricción. El cuello debía permitir mantener la herramienta con menor esfuerzo axial. Y la zona superior, en contacto con la palma, debía permitir que la mano se moviera sin generar puntos de fricción incómodos.
El resultado buscaba algo que hoy parece obvio, pero que requirió décadas de desarrollo:
Transmitir más fuerza utilizando menos esfuerzo.
De los destornilladores a los bits
La manera de trabajar también estaba cambiando.
La creciente utilización de atornilladores eléctricos, herramientas a batería y sistemas automáticos de montaje hizo que los bits pasaran a ocupar un lugar cada vez más importante dentro de la producción de >FELO.
Y con ellos aparecieron nuevos desafíos.
Los diferentes perfiles de tornillos no exigen exactamente las mismas características del acero. Un destornillador plano, por ejemplo, puede necesitar mayor elasticidad, mientras que determinados perfiles permiten trabajar con una dureza superior para reducir el desgaste.
Por eso, la selección de materiales, las aleaciones, los tratamientos y la geometría forman parte del desarrollo de cada herramienta.
La herramienta aparentemente más sencilla es, en realidad, el resultado de una enorme cantidad de pequeñas decisiones de ingeniería.
La innovación como parte de la fábrica
Una de las características de la historia de >FELO es que el desarrollo de producto y la fabricación permanecieron estrechamente vinculados.
La compañía explica que su departamento de desarrollo trabaja junto con su propio departamento de construcción de herramientas y que incluso parte de la maquinaria utilizada en la producción corresponde a desarrollos especiales realizados para sus propios procesos.
La innovación no ocurre solamente en el producto terminado.
También ocurre en la manera de fabricarlo.
Más de 260 desarrollos protegidos
A lo largo de su historia, >FELO ha acumulado más de 260 solicitudes y registros de propiedad industrial, reflejo de una filosofía en la que mejorar una herramienta existente puede ser tan importante como crear una completamente nueva.
De Neustadt a más de 40 países
Aquellos catálogos multilingües de los años 20 terminaron anticipando otro elemento central de la compañía.
La exportación.
>FELO pasó de aquella fábrica alemana a convertirse en un fabricante especializado con presencia internacional y exportaciones a más de 40 países.
Actualmente, la compañía mantiene más de 2.000 referencias diferentes en stock y fabrica además una cantidad similar de productos en versiones especiales, herramientas desarrolladas para aplicaciones específicas y productos para otras marcas.
Detrás de esa variedad sigue existiendo la misma especialización que comenzó a consolidarse en Neustadt en 1950: desarrollar herramientas profesionales para atornillar mejor.
De Neustadt al mundo. Y ahora, Argentina.
Hoy, más de 145 años después de aquel comienzo en 1878, la historia de >FELO continúa profundamente ligada a Alemania y a Neustadt.
La fábrica cambió.
Las máquinas cambiaron.
Los materiales cambiaron.
Los procesos cambiaron.
Las herramientas también.
Pero la idea que atraviesa toda esta historia sigue siendo sorprendentemente parecida.
Buscar una manera mejor de hacer una herramienta.
Desde la Hammermühle de Turingia de 1878, pasando por aquel nuevo comienzo en Neustadt con una máquina de escribir, un archivo de clientes y más de 70 años de conocimiento, hasta una fábrica que hoy desarrolla miles de herramientas y exporta sus productos alrededor del mundo.
Más de un siglo de historia industrial alemana detrás de herramientas que hoy también llegan a profesionales y aficionados exigentes en Argentina.
Hergestellt in Deutschland / Hecho en Alemania
Nuestros slogans son alemanes. Nuestros productos también.
